El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Volver

¡Necesito que me ayudes!

20/02/2014

Pedir no es un signo de debilidad, los demás no tienen que adivinar lo que necesitamos. Solicitar apoyo a alguien significa decirle lo importante que es para nosotros. POR MiriamSubirana

En toda conexión, sea familiar, profesional o de amistad, intercambiamos cotidianamente pidiendo, ofreciendo y acordando. La manera en que lo hacemos determina el tipo de víncu- lo, la cercanía y dónde ponemos el poder en la relación, si es de amistad, de colaboración, de antagonismo o de jerarquía. Este artículo se centra en la acción de pedir. Se puede ha- cer como una sugerencia, una indicación, un ruego, una súplica, una reclamación, una exi-
gencia, una imposición o sencillamente espe- cificando lo que uno quiere, necesita o espera. Para Gloria, pedir era signo de debilidad. Entendía que debía mostrarse fuerte y segura.
Si quería algo, era mejor callar y aguantar. Así la educaron, lo importante era el otro y lo que necesitaba. Cabía la esperanza de que el otro adivinaría lo que una necesitaba. Como Glo- ria, somos muchos los que tenemos dificulta- des en demandar algo, nos es más fácil ofrecer.
Antes de insinuar que nos escuchen, escucha- mos. Antes de solicitar tiempo para nosotros, dedicamos tiempo a los demás. Antes de pe- dir lo que nos conviene, intentamos satisfacer al otro; y si no, nos sentimos culpables. Nos obligamos a realizar tareas que, si paráramos a reflexionar, nos daríamos cuenta de que te- nemos la opción de no hacerlas, o bien no son tan urgentes o las podemos compartir.
María quiere tener más tiempo para sí misma, y para estar con sus amigas. Pero a me- nudo sus hijos la requieren para atender a sus nietos. No sabe pedir a sus hijos el tiempo que necesita para estar con sus amigas, le pesa la responsabilidad de ser abuela, y si demanda espacio para lo que ella desea, se siente mal.
La actitud de excesiva responsabilidad y el miedo a la posible ruptura en la relación nos dificultan expresar lo que necesitamos. Como consecuencia, llevamos una sobre- carga de trabajo, nos sentimos víctimas de la situación e incubamos resentimiento. Esto afecta negativamente en nuestra salud, en nuestras conexiones y en el trabajo en equipo.
Evitar frustraciones
“En la vulnerabilidad y la fragilidad se abre
el corazón para recibir, respetándonos y respetando lo que viene del otro, con gratitud” JOAN GARRIGA
En otras ocasiones tenemos la expectativa de que la otra persona adivine lo que quere- mos, y se lo pedimos de forma encubierta o imprecisa, con lo cual no entiende qué es lo que queremos, y cuando no se cumple nues- tra demanda, nos sentimos frustrados en la relación porque nuestro interlocutor no nos da lo que esperábamos, y es el momento en el que empiezan los reproches. “Ya te lo dije”, le decimos, pero la persona responde que no se enteró. Seguramente lo expresamos de manera tan encubierta y poco concreta que no comprendió. Debemos dedicar el tiempo necesario para clarificar lo que que- remos con precisión. Las prisas nos hacen ser imprecisos, y esto acaba generando malos entendidos.
Es más normal solicitar ayuda cuando nos sentimos vulnerables o enfermos, y es en- tonces cuando damos la oportunidad a otras personas para que se acerquen a nosotros y nos acompañen. En circunstancias “norma- les” nos da apuro expresar lo que necesitamos, pero cuando tenemos una razón de peso que justifica nuestra petición, lo hacemos. La ver- güenza nos dificulta la acción con claridad. El temor a mostrar nuestra fragilidad y nuestros


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*